Las mujeres, que leen, son peligrosas

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Tema: Se trata de un recorrido visual por la historias de la mujer lectura a lo largo de los siglos. “Desde Rembrandt hasta Hopper, pasando por Matisse, Manet o Casas”. Este hermoso álbum reúne las más hermosas fotografías y pinturas de mujeres leyendo en las más variopintas situaciones acompañándose cada una de ellas de un interesante comentario.
De esta manera descubriremos como hubo un tiempo en que la lectura por parte de una mujer no estaba bien vista, una época en la que se censuraban libros y en la que la inclusión femenina en el mundo de la cultura era uno de los temores más preocupantes del hombre.  La mujer lectora fue apropiándose de conocimientos y saberes hasta entonces reservados a hombres por lo que estos cada vez consideraron más peligrosa la lectura. Una obra que nos hace reflexionar.

Algunas de las imágenes del libro acompañadas de magistrales citas escritas por célebres lectoras.

Las mujeres, que leen, son peligrosas es una defensa a la libertad de expresión y un homenaje a los escritores y a todas las mujeres lectoras. Su autor repasa la historia de la lectura femenina desde la Edad Media hasta nuestros días. Recuerda que tuvieron que pasar muchos años antes de que las mujeres pudieran leer libremente lo que deseaban, tanto para su educación como por placer. Años en los que se limitaron a bordar, rezar, cuidar de sus hijos y cocinar, hasta que, a través de la lectura, del pensamiento, de la imaginación y del saber, vivieron experiencias que hasta entonces sólo estaban reservadas a los hombres. Y entonces, se volvieron peligrosas. El libro empieza con la imagen de la Anunciación de María, del pintor Simone Martini de Siena, en la que se ve a la Virgen sorprendida por el ángel en plena lectura. El texto nos explica que la Virgen ya no es la inocente ingenua que los teólogos solían reflejar, sino una mujer inteligente que se apropia del saber y el conocimiento no por obediencia, sino gracias a la lectura y al estudio. Y concluye con la fotografía de Marilyn Monroe leyendo el Ulises, realizada en 1952 por Eve Arnold. En el texto, el autor cuenta que fue a ver a la fotógrafa para preguntarle si de verdad la actriz leía a Joyce, y ésta le respondió que Marilyn no sólo leía el libro, sino que le gustaba mucho y lo leía en voz alta.

Mi opinión: Hace muchísimo tiempo, tuve el inmenso placer de poder acompañar a un pequeño grupo de mujeres de entre 40 y 70 años en su primer acercamiento a la lectura. Eran practicamente analfabetas, y desde siempre habían vivido ese tema como una especie de tara, que les impedía tener acceso a muchas cosas de la vida. En sus casas, los hermanos varones sí habían sido enviados a la escuela como algo natural y necesario, pero para las mujeres, eso era algo inalcanzable ya que sus padres pensaban que aprender a leer era algo que no les serviría para nada.

En aquella época, a muchos hombres, incluso a sus propios padres, las mujeres que leían, les parecían sospechosas, porque la lectura podía minar en ellas una de las cualidades que ellos mismos más valoraban: la sumisión.

Asistir diariamente al empeño que ponían para aprender a leer, y comprobar la felicidad que les procuraba cada avance, era para mí un experiencia muy satisfactoria, que nunca olvidaré y de la que me siento muy orgullosa.

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3 comentarios:

Dr.Krapp dijo...

Me gusta mucho como has diseñado el blog. Respecto a la lectura eran sospechosas las mujeres pero sobre todo había prejuicios de clase. Una mujer aristócrata estaba bien vista como lectora e incluso como escritora, ahí está el caso de las nobles del siglo XVII y XVIII, lo que molestaba era que lo hiciesen individuos de la clase trabajadora sin distinción de sexos, aunque el caso se agravaba en el caso de las mujeres.

Luna dijo...

Gracias Doc. Inicié el blog sólo con la idea de recopilar los libros que iba leyendo, pero al final no me resistí a envolverlo en un diseño personal.

Quizá tengas razón, y en algunos casos estuviera bien visto que una mujer de clase alta escribiera y leyera, no obstante, recuerda que algunas de ellas tuvieron que cambiar de nombre a otro masculino o incluso prestar sus obras a maridos o amantes, para que pudieran ser valoradas.

Lo que está claro es que, en las clases bajas, era impensable que una mujer *perdiera" el tiempo en labores tan poco productivas como la lectura.

Luis Antonio dijo...

Luna, te invito a que te pases por aquí:

http://lperezcerra.blogspot.com/search?q=las+mujeres+que+leen+son+peligrosas

Un cordial saludo


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